20/02/2017 09:28:00 LOCAL

Polémica en torno al niño fantasma

Todo Uruguay está conmocionado por un caso ocurrido en la ciudad de Salto, en el que se entremezclan misterio, sorpresa y una demanda por 900 mil dólares.

La familia de un niño que falleció en 1972 en la ciudad uruguaya de Salto resolvió iniciar una demanda por 900.000 dólares contra el profesor de Historia José Buslón, el conductor televisivo y escritor Guillermo Lockarth y el Canal 12 de Montevideo. Pero para entender mejor la historia hay que remontarse al mes de abril del año pasado. Fue en esa oportunidad el citado docente llevó a sus alumnos del Liceo 2 "Antonio Grompone", de Salto, a visitar el Cementerio Central de la ciudad.

El objetivo era conocer más profundamente el patrimonio cultural, arquitectónico y simbólico de una de las necrópolis más antiguas del norte uruguayo. Un sitio, donde podían rescatar diferentes imágenes para poner luego en consideración. Fue así como éstos llevaron sus cámaras fotográficas o utilizaron sus teléfonos celulares para retratar la visita. Y todo parecía una excursión normal, hasta que una de sus alumnas fotografió un panteón centenario. Es que al llegar a su casa y subir las imágenes en una computadora, la joven detectó la presencia de lo que parece ser un niño parado detrás de la puerta de cristal del citado monumento funerario.

La imagen de la estatua de un arcángel escondía un detalle del que la alumna no se percató al disparar la cámara, hasta llegar a su casa. Ahí pudo observar mejor en el monitor de su computadora a un niño detrás de una cortina, en uno de los panteones. El descubrimiento horrorizó a los estudiantes y no tardó en viralizarse en todo Uruguay, e incluso cruzar sus fronteras.

El pequeño aparece en la foto vestido con un pantalón negro y camisa beige, bien peinado y como si estuviera mirando hacia afuera, a través del vidrio de la puerta. La inscripción en mármol en la parte superior de la pequeña casita dice: "Ventura-González", lo que con seguridad hace referencia a los deudos de esas familias que allí descansan el sueño eterno.

¿Imagen pública?
Aquella imagen se hizo pública en Salto primero y se viralizó en todo Uruguay difundiéndose largamente en varios espacios periodísticos, a la vez que generaba polémica y generaba un sinfín de controversias públicas, como bien lo cita el sitio web del diario El País de Montevideo.

Por esos días, Lockarth, una figura pública muy conocida en la vecina orilla, junto a su equipo periodístico arribaron a Salto para investigar la historia in situ, como generalmente se hace en cualquier parte del mundo, ya sea desde la prensa escrita, radial o televisiva, sensacionalista y también de carácter documental, dada la extrañeza del caso. Y Lockarth junto a sus colaboradores trabajaron denodadamente sobre el tema, recabando datos, realizando notas e investigando, hasta dar con las familiares de los Ventura-González.

¿Pero quién era el niño?
Sucedió que, en junio de 2016, una docente ya retirada del magisterio le contó al profesor Buslón que la imagen que se observaba en la foto tomada por la joven estudiante le hacía recordar a un niño amigo de su hijo. Según le explicó la docente al diario El País, ese pequeño había fallecido en un accidente de tránsito hacía más de 40 años, precisando que el luctuoso hecho había ocurrido en 1972.

Fue entonces que Buslón decidió a interiorizarse más en el tema, para profundizar sobre la raíz de la gran duda que tenían: quién era el chiquito que aparecía en la foto. Y relata: "Ella (la docente) nos cuenta que vio su rostro en una fotografía que estaba en una jardinera de ese panteón durante una visita que realizó al cementerio en 1996.

Consultó a los dueños del panteón si era familiar y le dijeron que no. Luego el sepulturero le dijo que ese año habían dejado de enterrar en tierra y que empezaron por los cuerpos chicos a los que comenzaron a llevar a panteones y que por eso estaba ahí", narró Buslón.

Coincidentemente, el hijo de la docente indicó que la imagen que se veía en la fotografía tomada por la alumna del liceo era muy parecida a la de su amiguito de la infancia, fatalmente fallecido.

Fue por esos datos adicionales que aportaron esas dos personas, lo que impulsaron al profesor Buslón junto a sus alumnos a continuar en la búsqueda de resquicios que los llevara a más pistas. Así es como consultaron en los archivos de los diarios y periódicos locales hasta lograr llegar a la conclusión de que fehacientemente el fatal accidente había ocurrido en 1972, tal como había sido narrado por la profesora.

Todo cuadra.
La investigación ya tenía un nombre y apellido, y eso les permitiría avanzar mucho sobre el tema. Así, con dicha información se presentaron ante los registros de la Intendencia de Salto, donde se les proveyó la partida de nacimiento del pequeño. La prueba irrefutable que indicaba todo lo relacionado con la información de su familia. Inclusive pudieron confirmar que los restos del pequeño fatalmente fallecido habían sido trasladados en varias oportunidades a resolver el enigma, el profesor, secundado por los estudiantes, con los datos ya recabados retornaron al cementerio de Salto. Fue allí donde confirmaron que el cuerpo del niño había sido enterrado en el panteón que había fotografiado la jovencita, aunque también era cierto que posteriormente había sido trasladado a otro sitio.

Posteriormente, se enteraron que la familia del niño había llegado desde el interior del país y que había estado viviendo durante un tiempo en un hotel. Allí se enteraron que había un familiar del niño en Salto.

Así, pudieron contactarse con las hermanas menores del fallecido, nacidas con posterioridad a su fatal desaparición, aunque ya adultas, y las pusieron al tanto de la investigación. Y aparentemente todo continuó su curso normal, aunque no está claro si ellas habilitaron la utilización del nombre de su hermano, y de ellas mismas Por eso mismo, tiempo después, ya en Montevideo se encontraron Lockarth y Buslón. Y toda esa historia se plasmó entre otras en un libro, titulado “Voces Anónimas”, que se presentó en octubre pasado en la Feria del Libro de la capital uruguaya.

Estalla la demanda.
Con la presentación del libro, muy probablemente el tema alcanzó más difusión de la que ya había tomado con lo producido por Lockarth y lo investigado por el profesor, pero lo cierto es que no pasó demasiado tiempo para que el caso retomara vuelo. Fue cuando Buslón le contó a El País de Montevideo que en una de las entrevistas que concedió a la televisión recibió una nota de la familia de aquel niño fallecido, en la que indicaba expresamente que se estaba vulnerando su intimidad. "Le respondimos que no, pero que estábamos dispuestos a modificar algunas cuestiones del relato. Luego llega un telegrama donde se nos pide que no habláramos más de él. Les dijimos que podríamos mencionarlo con otro nombre, pero como fue una investigación ya no podíamos dejar de hablar (del tema)", explicó.

Lo cierto es que hace apenas 10 días, todo pasó a manos de la justicia. Es que el 8 de febrero pasado, el profesor Buslón recibió una citación para una audiencia de conciliación con los familiares del niño fallecido en 1972. Según dice el escrito que recibió, la citación "corresponde al cobro de pesos emergentes de responsabilidad extracontractual por difusión de imágenes, historia personal y privacidad de los comparecientes por difusión de hechos sin autorización". Lo que el texto especifica además es que "la suma reclamada no incluye posteriores reclamos por derechos de autor e imagen".

Esta historia continuará.
Con el objetivo de saber los objetivos de la demanda y la situación de la familia, los periodistas de El País lograron dialogar con una de las hermanas del niño fallecido, pero la mujer dijo que no haría declaraciones por consejo de su abogado. En tanto, Guillermo Lockarth no quiso hacer comentarios al respecto, y lo mismo las autoridades del canal, consultados por este suplemento. Lo cierto es que la historia queda abierta, inconclusa, hasta que las partes se reúnan en los próximos días, quizá semanas. Aunque algo es seguro, no se conoce jurisprudencia en Uruguay para tratar la aparición o presencia de fantasmas a la vista del público. Por lo que la demanda podría ingresar en un oscuro terreno, un callejón sin salida que deje todo como está.

Preservar la identidad, una premisa a cumplir.
Habituados a realizar investigaciones en casas de familias, lugares públicos, instituciones privadas y todo aquel sitio en el que se generan hechos que rozan la paranormalidad, hay infinidad de maneras de encarar un operativo de esa naturaleza, en el que, seguramente, apariciones de personajes del pasado pueden ser parte de una historia. En el caso del grupo de investigación Dogma-Argentina, que está integrado por Ariel Martín Lopez, Guillermo Barrientos, Luis Bellucci y quien estas líneas escribe, que se suelen transcribir en este suplemento, en cada investigación que se encara se preservan los nombres de todos los protagonistas, vivos o no. Y si no existe una autorización expresa de esos actores (vivos, obviamente) para publicar, la identidad se preservará y el caso se presentará, aún resuelto, sin nombres propios, para así mantener la privacidad de quienes no quieren dar a conocer lo que les sucedió, o porque no desean que sus deudos aparezcan en historias que superan el límite de lo creíble.




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